Nuestra Señora del Carmen salvando a las almas del Purgatorio Anónimo, siglo XVIII Colección Museo del Carmen Alto

El símbolo por excelencia de la Orden del Carmen es sin duda el “Escapulario”,  objeto religioso, cuya historia se remonta a la Edad Media, relacionado con el culto a la Virgen María y al anhelo de alcanzar la salvación eterna. El mes de julio está dedicado a la advocación de la Virgen del Carmen, patrona de la orden de la Virgen María del Monte Carmelo; por esa razón, el proyecto “Objeto del mes” del Museo del Carmen Alto, destaca los aspectos históricos, legendarios y el simbolismo de este objeto.

Un poco de historia sobre la Orden del Carmen

Nuestra Señora del Carmen es una advocación mariana que se originó en el siglo XII en el Monte Carmelo. Un grupo de peregrinos y ex cruzados procedentes de la vieja Europa, inspirados en la antigua tradición del profeta Elías, decidieron experimentar una vida de ermitaños en el silencio y la soledad del monte bíblico, ubicado en los desiertos al norte de Palestina. En medio de sus grutas construyeron un oratorio dedicado a la Virgen María, donde diariamente se reunían para orar. Con el tiempo, los ermitaños se transformaron en la “Hermandad de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo”, para lo cual obtuvieron una regla de vida, gracias a la que adquirieron el reconocimiento de la Iglesia como comunidad religiosa. Debido al asedio que empezaron a sufrir por parte de los sarracenos, se vieron obligados a abandonar el Monte Carmelo y se dirigieron a Europa, cambiando la quietud del desierto por el bullicio de las ciudades donde, alrededor del año 1240, empezaron su expansión fundando conventos como orden mendicante dedicada a predicar, al igual que franciscanos, dominicos y mercedarios.

Los cambios culturales y sociales que vivió Europa en los siglos XIV y XV también transformaron la vida religiosa, la cual se alejó de sus principios originales, provocando lo que muchos llaman “relajamiento de la vida religiosa”. Ante esta situación, surgió la necesidad de una renovación y, sobre todo, de un retorno a aquellos principios con los que nacieron las órdenes religiosas. El Concilio de Trento favoreció e impulsó el regreso de las órdenes religiosas a sus raíces; en ese contexto, Santa Teresa de Jesús dedicó todos sus esfuerzos a transformar la orden del Carmen realizando una reforma que separó a la orden en “Carmelitas calzados o de antigua observancia”, rama que agrupó a quienes se opusieron al proyecto teresiano, y “Carmelitas descalzos”, quienes acogieron la idea de Santa Teresa de volver a una de vida de soledad, pobreza y oración, imitando a los primeros ermitaños del Monte Carmelo.

El origen del Escapulario

La expansión de los carmelitas por el continente europeo no fue fácil, tuvieron que enfrentar el rechazo de las otras órdenes. En ese contexto, se cuenta que San Simón Stock, sexto prior de la orden del Carmen, angustiado por la hostilidad de que eran objeto, acudió a la Virgen del Carmen, su patrona, para pedirle protección. Según la leyenda carmelita, el 16 de julio de 1251, la Virgen se presentó ante Simón Stock portando un escapulario en la mano y al entregárselo le prometió que quien lo llevara en el momento de la muerte, se salvaría de la condena eterna. Años más tarde, en 1322, esta promesa se complementó con una nueva supuesta aparición de la Virgen ante el Papa Juan XXII, prometiendo que ella misma sacará del Purgatorio[1] a todos los miembros de la cofradía de la orden el primer sábado después de la muerte, y los llevará al Cielo bajo la condición de cumplir y guardar todos los sacrificios prescritos. Esto se conoce como “privilegio sabatino”, quedando establecido en la bula “sabatina”, documento que aparece en escena en la primera mitad del siglo XV, confirmando la visión de Juan XXII. (Herradón, 2011: 148)

Estos hechos contribuyeron a fortalecer la estabilidad de la orden, cuyo escapulario se convirtió en el máximo exponente de la influencia ejercida por esta congregación en la vida religiosa de Occidente. La evolución doctrinal y formal del escapulario está, por tanto, estrechamente ligada a la orden religiosa que, desde sus orígenes, se acogió al patrocinio de la Virgen del Carmen. (Ibíd., 2011: 148) En consecuencia, el fervor por la Virgen del Carmen se incrementó, gracias al poder que se le atribuyó de liberar a las almas de pasar por el Purgatorio, evitando el sufrimiento expiatorio después del fallecimiento para alcanzar el objetivo final: la salvación.

La salvación del alma, una constante preocupación de la sociedad colonial

Desde el final del medioevo y comienzos de la modernidad surgieron reflexiones sobre el carácter efímero de la vida y la salvación del alma. La incertidumbre de cómo y cuándo habría de sobrevenir la muerte y lo que sucedería después de ella creó un sentimiento de miedo y angustia que el catolicismo contribuyó a magnificar. La Iglesia católica se encargó de recordar constantemente a los fieles la condición mortal del ser humano, su inclinación al pecado, sus consecuencias, y las espantosas penas que aguardaban a los pecadores en el Infierno. (Sevilla, 2002: 134) Imágenes dramáticas como la escena del Infierno de la Compañía de Jesús pintada por Hernando de la Cruz, sirvieron para visualizar el pecado y los atroces castigos que padecerían los condenados al fuego eterno, impactando poderosamente en la mentalidad colonial.

Los constantes movimientos telúricos, erupciones y epidemias ocurridos durante el periodo colonial, infundieron terror en la población de Quito y sus alrededores. La Iglesia católica en su oratoria, insistentemente señalaba que, tanto las catástrofes naturales como las pestes, eran la consecuencia y el castigo por las prácticas pecaminosas de la sociedad. Siendo la salvación del alma una preocupación trascendental para la sociedad colonial, toda su experiencia vital estaba dirigida a alcanzar una “buena muerte”, con la esperanza de salvación, o al menos, de pasar transitoriamente por el Purgatorio. (Franco, s/f: 48)

En el mundo colonial las formas de enfrentar y conjurar la muerte y sus misterios se basaron en los postulados de la Contrarreforma, la cual, reafirmó doctrinas como el Purgatorio, y promovió el culto a la Virgen y a los santos. La sociedad colonial quiteña, impregnada de la religiosidad contrarreformista, tejió un universo de prácticas e imaginarios en torno a la muerte que iban desde la creación de congregaciones para ayudar a “bien morir” y la búsqueda de amparo en diversas advocaciones religiosas. El sentimiento de culpa y la preocupación por el destino final del alma, tan recalcados desde el púlpito, se tradujeron en la búsqueda de la mediación de Cristo, de la Virgen María y los santos. De esta manera, para la sociedad local, el escapulario carmelita era un medio para alcanzar la salvación debido al “privilegio sabatino”, que garantizaba a los cofrades que lo llevaran puesto, su salida del Purgatorio el sábado después de la muerte. Pero, el simple hecho de portar el escapulario no garantizaba gozar de sus privilegios, por lo cual se aconsejaba guardar castidad, rezar el Oficio dedicado a la Virgen, ayunar los días que señalaba la Iglesia, abstenerse de comer carne los miércoles y sábados de cada semana y asistir a los actos en honor a la Virgen María.[2]

¿En qué consiste el Escapulario?

Las órdenes religiosas mendicantes fundadas durante la Edad Media (franciscanos, dominicos, agustinos y carmelitas), dieron a los laicos que buscaban participar de su espiritualidad, un signo de unión y pertenencia. Ciertos elementos de los hábitos de cada orden se convirtieron en un símbolo de identidad; uno de los más conocidos es el cordón franciscano. Entre los carmelitas se estableció el escapulario reducido de tamaño como la señal de pertenencia a la orden y expresión de su espiritualidad.

El escapulario es una prenda que formaba parte de los hábitos de todas las órdenes mendicantes. El Diccionario de Autoridades (1726-1737) lo define como:

“…(del latín «scapularis«, referente a las espaldas) Una como estola muí ancha, que pende por delante y por detrás, y en medio tiene una abertura en redondo capaz para que por ella pueda entrar la cabeza: y desta forma son los escapularios que visten muchos Religiosos: como Dominicos, Mercenarios, Carmelitas, Trinitarios, etc. …[3]

La Real Academia Española señala que el término “escapulario” viene de la raíz latina scapula, cuyo significado es hombro o espalda. Consiste en una tira o pedazo de tela con una abertura por donde se introduce la cabeza que cuelga sobre el pecho y la espalda y sirve de distintivo a varias órdenes religiosas.

[1] Para el catolicismo, el Purgatorio es un lugar a donde van las almas por un periodo de tiempo para ser purificadas antes de ser admitidas en el Cielo o condenadas al fuego eterno del Infierno. Esta doctrina fue difundida por los carmelitas, al igual que lo hicieron el resto de órdenes mendicantes.

[2] Marcelo del Niño Jesús. (1929). Instrucciones sobre la devoción al escapulario de Nuestra Señora del Carmen. Burgos: Tipografía El Monte Carmelo. Citado en: Herradón Figueroa, M. Antonia. “El escapulario: insignia de devoción mariana”… pág. 158

[3] Diccionario de Autoridades (Madrid: Ed. Gredos, 1969), citado en: Citado en: Herradón Figueroa, M. Antonia. “El escapulario: insignia de devoción mariana”…pág. 146

 

Fuente: http://www.carmelitas.org/blog/el-escapulario/

 

En el caso de las monjas carmelitas descalzas, el escapulario sigue siendo parte de su vestimenta, que como lo determinó su fundadora Santa Teresa de Jesús, es pobre y austero, de tejido de color marrón, compuesto del hábito propiamente dicho, correa, toca, velo y capa blanca que se usa en determinadas ocasiones. (Regla, 1991: 89) Para ellas, llevar el escapulario, significa manifestar la pertenencia a su orden y el compromiso de revertirse de las virtudes de la Virgen María. (Ibíd., 1991: 65)

Detalle de la pintura mural de la vida de Santa Teresa de Jesús Anónimo, siglo XVIII Colección Museo del Carmen Alto

Para el uso de los seglares, el escapulario que inicialmente fue parte del hábito carmelita, se redujo de tamaño y actualmente se lo ubica entre los objetos de naturaleza religiosa como: medallas, rosarios, estampas y detentes.

Su uso se popularizó a finales del siglo XVI en España y Portugal. Es importante señalar que el escapulario no es exclusivo de la orden carmelita, otras órdenes religiosas también lo tienen por insignia, pero el del Carmen es el más antiguo y venerado por la promesa sabatina, y el que ha servido de modelo a todos los demás. (Herradón, 2001:167) Para los creyentes seglares, el escapulario es un símbolo de consagración a la Virgen, símbolo su amor y protección maternal.

Nuestra Señora de la Merced con escapulario Anónimo, siglo XVIII Óleo sobre lienzo Colección Museo del Carmen Alto

La confección de escapularios carmelitas es una tarea desarrollada por las religiosas de la orden del Carmen, se utiliza para ello cordón, paño de color marrón y cinta blanca. Anteriormente se bordaban totalmente a mano, en la actualidad llevan impresas las imágenes de la Virgen y el escudo carmelita, que no son obligatorios, pero siempre están presentes.

El escapulario es también un elemento propio de la iconografía de la Virgen del Carmen, la cual se representa con hábito carmelita, pese a la prohibición emitida en 1626 por el papa Urbano VIII de que las vírgenes fuesen vestidas con los hábitos de las órdenes religiosas. (Martínez, 787) A veces puede representarse con el Niño Jesús en brazos, llevando ambos el escapulario carmelita; a sus pies, las llamas del Purgatorio, entre las cuales aparecen varias figuras humanas que representan las almas, que llevan el escapulario puesto o que, en otras ocasiones, intentan alcanzar el que les ofrece la misma Virgen.

Virgen del Carmen salvando almas del Purgatorio Anónimo, siglo XVIII Pintura mural Portería externa, Museo del Carmen Alto

Es curioso que la imagen de la Virgen con el escapulario, siendo la más divulgada dentro de la devoción popular, su representación en el arte apareció relativamente tarde, no deja de ser extraño que el hecho de mayor transcendencia que se haya dado en la orden del Carmen a lo largo de sus 800 años de historia, haya permanecido en total silencio hasta muy entrado el siglo XVI. La primera vez que se representa la Entrega del Santo Escapulario a San Simón Stock es en el cuadro de Tomás de Vigilia que se conserva en el convento de Corleone (Sicilia) de 1492. (Martínez, 786)

BIBLIOGRAFÍA

Franco Rubio, Gloria. (s/f). Cultura y mentalidad en la Edad Moderna. Sevilla: Mergablum.

Herradón Figueroa, M. Antonia. “El escapulario: insignia de devoción mariana”. En: Anales del Museo Nacional de Antropología. Número VIII. 2001. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte Secretaría de Estado de Cultura. Secretaría General Técnica Subdirección General de Información y Publicaciones. Revisado en: https://sede.educacion.gob.es/publiventa/descarga.action?f_codigo_agc=10799C_19

Martínez Carretero, Ismael. O. Carm. (s/f) La advocación del Carmen. Origen e iconografía. Sevilla. Revisado en: file:///C:/Users/Myriam/Downloads/Dialnet-LaAdvocacionDelCarmenOrigenEIconografia-4064164%20(1).pdf

Sevilla, Carmen. (2003). Vida y muerte en Quito: raíces del sujeto moderno en la colonia temprana. Quito: Abya Yala.