¿Cuál es el concepto principal que le damos a la museografía? es la pregunta que siempre nos planteamos en relación a las diferentes fuentes bibliográficas, obtenidas sobre un espacio de exhibición.

Antes del siglo XVIII, los espacios de exhibición eran privados, exclusivos para el clero, la nobleza y los burgueses, que guardaban para mostrar sólo a sus cercanos. Fue durante la Ilustración, donde estos espacios se transformaron en museos con un enfoque similar a una institución pública que tiene como base la tarea de educar a sus visitantes, además de conservar, preservar y exhibir objetos culturalmente valiosos para la valoración y el disfrute del conocimiento de un pueblo, comunidad o nación (Nieto, 2014).

El personal encargado para la puesta en escena de las exposiciones amplió sus perfiles, cambiando las tareas del curador quien se dedicaba a vigilar la obra, ahora requería de conocimientos suficientes para organizar, además, las colecciones de un museo y una fuerte educación en historia del arte. Durante el siglo XX, el museo “moderno” introduce exhibiciones de arte modernista donde la obra ya no solo mostraba lo que representaba, sino que se transformó en una imitación de la realidad, con un arte más complejo, más abstracto. El museo exhibía obras donde se requería traducir lo que el artista quiere o quiso decir con su obra al público.

Con el paso del tiempo, curadores como Harald Szeemann dejan a un lado lo tradicional de un museo y el conocimiento en historia del arte,  al seleccionar y ordenar las obras de una exhibición no para darlas a entender al público, sino para dar a conocer nuevos planteamientos entorno a discursos del arte, la cultura y la sociedad (Nieto, 2014). A partir de entonces los curadores de arte ordenan y generan exposiciones en las que construye y reconstruye puentes entre las obras y los espectadores, para que ambos circulen y se encuentren, para que el objeto tenga una cercanía personal con el visitante (Nieto, 2014).

Cuando hablamos de un proceso comunicativo con la obra de arte y el espectador, nos conectamos a un nuevo contexto pedagógico museístico, donde se intenta crear contenidos con los visitantes para propiciar la participación y la emoción. A partir de esto, se generan procesos de transformación como un camino de aprendizaje hacia la experimentación y el descubrimiento, un medio para la creación de significados compartidos (Calaf & Fontal, 2007). El museo como un lugar público está abierto a interpretaciones y críticas, el espectador-receptor requerirá de un énfasis en la actuación y diálogo de parte de la obra de arte, convirtiéndose en el emisor central de esta comunicación.

Aunque, al referirnos de la obra como emisor, en algunos espacios museísticos este elemento no es el único indispensable cuando se requiere del uso de las actuaciones pedagógicas, los aspectos museográficos resultan un apoyo esencial al momento de interpretar lo que la obra dice (Lorente, 2003). Es así, que los contextos expositivos, para complementar su traducción se deberían replantear como un medio de educación, a través de la museografía didáctica.

La museografía posee pedagogías invisibles, que nos comunican y enseñan sin que nos demos cuenta, diseñar acciones educativas encaminadas a la interpretación de un significado propio, ayudará a que este término vaya más allá de la propia obra de arte para potencializar el aprendizaje.

A lo largo del tiempo el museo ha experimentado ciertas transformaciones en la forma de dar a conocer sus exhibiciones al público, convirtiéndose en la actualidad en un medio pedagógico de enseñanza y educación, en una institución al servicio del desarrollo personal y sociocultural de la comunidad, un ente cultural y de instrumento, para el desarrollo de los procesos ligados al estudio del patrimonio histórico educativo, que seguirá en constante evolución con nuevas propuestas curatoriales, educativas, museológicas y museográficas.

Diseño museográfico exposición temporal Miguel de Cervantes, Museo del Carmen Alto, 2016.

 

Montaje de la exposición temporal Arte para Glorificar, Museo del Carmen Alto, 2014.

 

Diseño de la exposición temporal Tras los Muros del Monasterio, Museo del Carmen Alto, 2014.

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Museógrafa

BIBLIOGRAFÍA

Alonso Fernández, Luis (2001). Museología y museografía. Barcelona: Ediciones delSerbal.

-Álvarez Domínguez, Pablo (2006). Evolución y nuevas perspectivas del museismo pedagógico. Aproximación al Museo Pedagógico Andaluz. Trabajo de investigación para la obtención del DEA (Diploma de Estudios Avanzados). Universidad de Sevilla. Facultad Ciencias de la Educación. Dpto. de Teoría e Historia de la Educación y Pedagogía Social. Inédito.

-Calaf, Fontal, EvaValle (Coord.) (2007). Museos de Arte y Educación. Construir patrimonios desde la diversidad. Ediciones Trea.

-Lorente, Jesús (Direc.) y Almazán, David (Coord.) (2003). Museología crítica y Arte Contemporáneo. Prensas Universitarias de Zaragoza.

-Nieto Ruiz, Carolina (2014). Historia de una actitud ante la forma: De la curaduría tradicional a la curaduría artística. Querétaro: Editor Carolina Nieto Ruiz.