El cristianismo en tanto construcción cultural está cargado de símbolos (signos convencionales) que por su connotación son fundamentos simbólicos de su visión de la realidad, del mundo.

La simbología de la muerte representada por medio de la calavera ha cambiado a lo largo de los siglos, el símbolo se lo ha utilizado desde la época medieval. En la tradición cristiana la muerte es producto del pecado original, cometido por Adán y Eva cuando desobedecieron a Dios y probaron del fruto del jardín del Edén que les estaba prohibido. En tal sentido la representación de la calavera bajo la figura de Cristo en la Cruz significa que así como la muerte ingresó por un hombre -Adán- así mismo la  muerte es vencida por Jesús en la cruz.

Oficio de la semana santa según el misal y Breviario Romanos. Joseph García Herreros Año 1792 Impresión Madrid

 

Desde esta perspectiva la calavera representa:

…los diversos sentidos, moralizadores y doctrinales establecidos por la Iglesia católica a sus fieles: memento mori (“recuerda que vas a morir”); el triunfo de Jesús sobre la muerte; la memoria del pecado original y su castigo; la invitación a llevar una vida de humildad alejada de toda vanidad (Vanitas); e incluso, “la muerte igualadora”, que independientemente de la condición social, nos hace a todos iguales (Navas,2020).

Andrés Moctezuma en su investigación sobre La Calavera menciona que el uso de este símbolo es un descubrimiento como cualquier otro donde el hombre puede ver el devenir de su propia existencia, la brevedad de su permanencia, se abre un enigma, un misterio ontológico ¿ qué se ha hecho del ser al que remite la osamenta? ¿Qué lugar habita? ¿Dónde se encuentra ahora?.

 

Santa Teresa de Jesús escribe. Anónimo, Siglo XVIII ,Óleo sobre lienzo.

En el periodo del Renacimiento el tema de la muerte era representado con belleza, decoro y gracia, esto se veía reflejado en los monumentos fúnebres, donde la muerte  figuraba  con gracias artísticas propias de este periodo. Para el siglo XVII en Italia, empiezan a realizarse sepulcros que presentaban simbologías que apelaban a los sentimientos y emociones de las personas para conmover lo más profundo y sensibilizar sobre lo efímero de la vida.

San Vicente Ferrer, Anónimo, Siglo XIX-XX,
Óleo sobre lienzo

Las variantes respecto a la representación de la muerte se forjaron gracias a varias consideraciones, entre esas la fuerza que tuvo la Contrarreforma sobre el tema; también influyeron los Ejercicios Espirituales -edición latina- de San Ignacio de Loyola, en la que se recomienda añadir a las meditaciones de la primera semana una meditación sobre la muerte.

Estos ejercicios fueron comentados por el P. Polanco en su Directorium, quien añadió que a estos ejercicios se debía meditar sobre la muerte, todas las personas, incluso con los niños. Los jesuitas nunca dejaron de estudiar sobre los Ejercicios Espirituales y lo siguieron complementando, dándole especial importancia a la meditación sobre la muerte.

 

 

 

 

 

En la Contrarreforma, son varios los personajes religiosos que ven a la muerte como una cura para frenar todas las cosas vanas de la vida, de allí las meditaciones infaltables propiciadas por los jesuitas, hasta llegar a tener dentro de sus aposentos objetos alusivos a la muerte que les recordara lo pasajera de la vida.

 

Reloj de arena, Anónimo, Siglo XIX.

En un comentario sobre los Ejercicios Espirituales de san Ignacio, que estaba dirigido a las personas que lo hacían por primera vez, se menciona que la meditación debe hacerse con las ventanas cerradas, porque la oscuridad ayuda a identificar el horror de la muerte y se recomienda tener una calavera. De esta forma, comenzó a normalizarse la presencia de la calavera dentro de los edificios religiosos; osamenta fácil de conseguir en aquellos tiempos. La calavera llegó a ser un instrumento móvil que se podía transportar de un lugar a otro.

Penitencia de Santa Mariana de Jesús, Víctor Mideros ,Cerca 1926, Óleo sobre lienzo Inscripción: “Acuérdate de tus postrimerías, y no pecaras jamás”

Debió pasar mucho tiempo para que los artistas, religiosos y la sociedad en general se acostumbraran a la presencia de este símbolo, que luego sería común verla en obras artísticas junto a frases que insinuaban lo efímero de la vida y las postrimerías de las personas. Ya para finales del siglo XVI los pintores plasmaron repetidamente los santos contemplativos meditando sobre una calavera, escena que se llegó a utilizar incluso en áreas como refectorios para beber agua. De esta forma la calavera pasó a ser el atributo de varios santos.

Santa Mariana de Jesús, Anónimo, Siglo XVIII, Óleo sobre lienzo.

La presencia de los cráneos en los hogares fue notable, los bodegones cambiaron sus representaciones para incorporar elementos como símbolos de las vanitas como velas consumidas, relojes de arena, compases, pompas de jabón, humo, lechuzas, ángeles disputándose el alma de las personas, barca llevada por un anciano, entre otras; representaciones que se verán sobre todo en obras flamencas, alemanas y españolas[1].

Con la incidencia de la Contrarreforma las vidas de religiosos como San Jerónimo y San Francisco serán imágenes que se verán repetidamente para estimular a los artistas, así el cráneo pasa a ser un referente:

…permanente pero pasivo, un objeto que si bien provoca al sujeto, lo hace desde la cotidianeidad; en otros, el cráneo sostenido por el santo es el motivo de un monólogo visual en el que el objeto (cráneo) pasa a formar parte del propio sujeto (el santo) a través de la meditación (…) El cráneo se torna bello, no por su fisonomía, sino por el significado que se le vierte, como signo excelso de vida espiritual, de comunión con Dios[2].


[2] Andrés Moctezuma B., La calavera, La significación de lo insignificante. Avance de Investigación, Por Posgrado en Artes Visuales ENAP-UNAM, Enero de 2010. P. 46

 

 

Mariana de Jesús ,Óleo sobre lienzo, Siglo XVIII, Anónimo, Monasterio del Carmen Alto.

La escenas mencionadas se harán presentes en las representaciones artísticas coloniales novohispanas, se puede decir que la calavera vino a ser un símbolo común entre los dos mundos y que los identificará a pesar de las diferentes interpretaciones entre una y otra.

El cráneo lacónico y austero que invita a la reflexión y a la penitencia (un cráneo que adoptará la Contrarreforma) es ya desde las órdenes misioneras que arribarán a la Nueva España y desde mediados del siglo XVI será el icono que desde la fe cristiana represente a la muerte; su trazo en lienzos y sobre todo en grabados surcará los mares con los misioneros franciscanos, agustinos, dominicos… y encomenderos devotos, y a la par se rehará en la iconografía conventual a lo largo y ancho de la Nueva España[1].


[1] Ibíd. P. 4

Detalle obra San Jerónimo, Anónimo, Siglo XVII, Óleo sobre lienzo.

Es evidente que la calavera ocupó un lugar importante en la iconografía hispana, convirtiéndose en un atributo de muchos santos y permitiendo la reflexión sobre las postrimerías y la vanidad de la vida. El símbolo y su simbolismo en el contexto de la cultura católico-cristiana permeaba la vida de religiosos, religiosas y sus fieles.

 


BIBLIOGRAFÍA:

  • Mâle Emile. El arte religioso de la Contrarreforma. Ediciones Encuentro, S.A., Madrid 2001.
  • Moctezuma B. Andrés, La Calavera: La significación de lo insignificante. Avance de Investigación (Tutoría) Por Posgrado en Artes Visuales ENAP-UNAM, Enero de 2010.
  • Navas Myriam, Guión museológico exposición temporal “Calaveras: memorias y tradiciones”, Septiembre 2020

FUENTES VIRTUALES: