Teresa de Jesús llegó a ser una de las figuras más importantes de la renovación espiritual del siglo XVI.

Sobresalió en una sociedad dominada por varones, rompiendo los esquemas que caracterizaron su época como la sumisión y obediencia.

Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada nació en una familia acaudalada en Ávila (España), el 28 de marzo de 1515. Perdió a su madre a los 13 años y fue educada en un convento de monjas agustinas. Contradiciendo el deseo de su padre, ingresó al Convento Carmelita de la Encarnación a los 20 años. En aquella época, las monjas que pertenecían a familias de élite llevaban el mismo estilo de vida que en sus casas y las jerarquías sociales se reflejaban en las estructuras del poder de los conventos, lo que generaba un ambiente de frialdad, individualismo y desigualdad que se alejan de los principios de la vida contemplativa.

El relajamiento de la vida monacal de algunas órdenes religiosas decepcionaba a Santa Teresa, pues sentía que impedía el desarrollo de una verdadera vida espiritual. Esto la motivó a impulsar una reforma a la orden Carmelita para replantear la vida religiosa en comunidad y para retornar a una vida centrada en Dios con sencillez y pobreza.

Sus acciones provocaron la oposición de ciertas autoridades eclesiásticas y de un sector de la sociedad que consideraba que fundar un monasterio sin recursos económicos era una desfachatez. A pesar de las críticas, persecuciones y la oposición de la iglesia, logró implementar su reforma con el apoyo de su hermano, Lorenzo de Cepeda, quien le enviaba cuantiosas limosnas desde Quito. Santa Teresa replanteó que la vida religiosa se desarrolla mejor con una comunidad de pocas monjas, fundada en la soledad, oración y estricta pobreza. Las carmelitas descalzas siguen el camino de perfección espiritual y consagración a Dios mediante la castidad, pobreza y obediencia además de la práctica del silencio, pues se forman para que de sus labios no salgan palabras inútiles.

 

Ser mujer en aquella época significaba ser analfabeta y llevar una vida dedicada únicamente a los labores del hogar como esposa o madre de familia, siempre detrás de la figura de un esposo o un padre. Santa Teresa rompió con estos roles pues aprendió a leer y escribir desde muy pequeña, lo que la convirtió en una apasionada lectora y una escritora excepcional. Entre los 47 y 68 años, escribió varios géneros de literatura mística y se convirtió en una de las grandes escritoras del Siglo de Oro de la literatura española, junto a Lope de Vega, Francisco de Quevedo, Juan de la Cruz o Calderón de la Barca. Teresa de Jesús escribió sus obras consciente de que la voz de las mujeres no tenía cabida en aquella sociedad. Sus escritos fueron publicados después de su muerte y se consideran una contribución única a la literatura mística y devocional, además constituyen una obra maestra de la prosa española. Entre sus obras más destacadas están Camino de perfección y Las moradas (Castillo interior). Santa Teresa evitaba utilizar términos teológicos en sus textos, pues prefería palabras al alcance de todos.

Después de recorrer España con su revolucionaria reforma del Carmelo, Teresa de Jesús murió el 4 de octubre de 1582 a los 68 años en una celda del Monasterio de la Anunciación de Nuestra Señora de las Carmelitas Descalzas de Alba de Tormes (Salamanca). En 1614 fue beatificada y poco después se la proclamó Patrona de España. En 1622 fue canonizada y en 1970 Paulo VI la nombró Doctora de la Iglesia.