El cuidado, limpieza y conservación de los bienes patrimoniales es una actividad que requiere de conocimiento, práctica y destrezas. Aunque muchos piensan que es un proceso homogéneo, en realidad cada bien patrimonial, dependiendo de sus características, necesita de cuidados específicos, a fin de garantizar su correcto estado de conservación. En ese sentido, no es lo mismo conservar objetos de madera, metal, porcelana, cerámica, etc. En este pequeño artículo, les contamos cómo se realiza la conservación de la piedra patrimonial.

Para la conservación de material pétreo, es necesario que la persona responsable de esta actividad, esté familiarizada con el tipo de composición de la roca o piedra, los elementos a los que ha estado expuesta y todos los factores que han intervenido en ella a lo largo del tiempo.

El deterioro de la piedra se vincula directamente con el tipo de agente agresor, por ejemplo, agua, gases y sales solubles (relacionados con el tipo de terreno donde se asienta, el aire que la rodea, la temperatura, etc.). Además, se debe tener en cuenta la composición propia de la roca: su composición química, estructura física, resistencia mecánica, dureza superficial, porosidad, entre otros. A todo esto, se debe sumar los diferentes daños causados por el ser humano, de lo que generalmente son víctimas, los un bienes culturales elaborados en piedra.

Para su proceso de conservación, en primera instancia se procede a realizar una limpieza mecánica, retirando el polvo superficial con brochas, pinceles, cepillos de cerdas suaves (no metálicos), e incluso con ayuda de aspiradores y/o chorros de agua controlados. A continuación, se continúa con el desengrasado de la piedra, utilizando una solución de jabón neutro. Para ello, es recomendable utilizar agua destilada, desmineralizada y/o des ionizada.

Lavado de piedras con jabón neutro y cepillos de cerdas suaves.

Cuando se trata de conservación de material pétreo, también al uso de papetas (apósitos), los mismos que se colocan en la zona con presencia de sales u otro agente de deterioro. En este caso, hay que verificar que las papetas queden totalmente adheridas a la piedra, de lo contrario se pueden formar ampollas y el disolvente no actuará adecuadamente, por lo que quedarán marcas y espacios sucios. Para evitar ello, se puede envolver el bien patrimonial con gasas y plástico, para que el disolvente actúe. Este proceso debe ser sumamente controlado, luego de haber realizado pruebas en áreas pequeñas. Finalmente se elimina cualquier residuo con agua.

Manchas de grasa en la piedra.

Colocación de papetas para eliminación de grasa.

Las grasas adheridas a la piedra, se eliminan con disolventes, realizando pruebas de solubilidad, para identificar qué tipo de producto conviene utilizar. Las personas que manipulan estos materiales deben contar con todas las protecciones de bioseguridad, ya que los solventes pueden ocasionar daños a su salud.

En estos bienes culturales también se puede encontrar concreciones e incrustaciones formadas por el paso del tiempo, como revoques nuevos, cementos, yesos, otros. Estos elementos tienen mayor fuerza de adhesión y son más difíciles de eliminar, por lo que se tratarán de manera manual, con la ayuda de  espátulas, puntas, cinceles y/o martillos. Este proceso se complementa con limpiezas a base de lavados y desengrasados. Si aun así los residuos persisten, se colocarán productos desincrustantes.

Los revoques hechos de cemento ocasionan la aparición de sales, por lo que es necesario ser cuidadosos al realizar el reemplazo de estos, ya que con el tiempo éstas pueden llegar a generar nuevas fuentes de sales.

Revoques de cemento y juntas, entre bloques de piedra.

Retiro de elementos extraños de forma mecánica.